lunes, 2 de noviembre de 2009

La Nona de Roberto Cossa

La obra
En el caso de la obra teatral La Nona, objeto de análisis, podemos ver en forma clara la retroalimentación entre el autor y el contexto en que escribe. Esto es así porque en verdad, el texto original data del año 1970. Esa primera versión tenía pocos puntos de contacto con aquélla más conocida posteriormente. Allí el personaje se filtraba, con su rostro achacoso, entre los gestos exagerados de un italiano laburante. La musa inspiradora fue su abuelo materno, carpintero en El Palomar, que trabajaba doce horas diarias para que cada uno de sus ocho hijos tuviera profesión. El autor copió sus giros idiomáticos, su forma de pedir comida, sus tics… Era lo que le interesaba crear: una obra televisiva sobre los estereotipos culturales de la ya instalada inmigración italiana. También de su propia familia surgió la inspiración para crear otros personajes. También hurgó en su álbum familiar y dio forma a "la tía", de una propia, una mujer tan inocente que “se mareaba con el vinagre de la ensalada”. Carmelo fue un poco su padre y el resto de los personajes seres que se componen de muchos otros, creados a partir de la calle o de horas de insomnio.
No había por esa época rastros de tragedia a su alrededor. El estreno en Tv fue recién en 1974, donde tuvo una buena repercusión.
Los allegados a Cossa le insistían que adaptara la obra para teatro, propuesta que él no aceptaba, en parte porque no le gustaba retomar textos del pasado y en parte por privilegiar su oficio de periodista en momentos en que la violencia social ya empezaba a palparse.
Con el golpe de 1976 el autor debió replantearse muchos aspectos de su vida privada: se mudo varias veces y realizo trámites para salir del país. Mientras aceptaba la propuesta de adaptar la obra para teatro, a modo de refugio para su vida cotidiana, el contexto ya no le era nada ajeno: desapariciones y muertes en su entorno, más las enormes ganas de irse. Es imposible pensar que Cossa pudiese abstraerse de semejantes acontecimientos ocurriendo a su alrededor. El mismo autor reflexiona y confiesa: “Se ve que en mi subconsciente ya estaba fijada la violencia, la muerte. Por eso rehice la segunda parte, cuando los personajes mueren uno por uno y la vieja destruye todo”.
En agosto de 1977 se estrena la obra en el Teatro Lasalle, con la dirección de Carlos Gorostiza. La obra interpretada fue un éxito. Pero a los pocos días, arrojan una bomba incendiaria en la entrada de la sala. Se rompen los vidrios de la puerta y se quema parte de la alfombra. El elenco decide silenciar el asunto, que es interpretado como una advertencia. Brandoni, es el primero del reparto que debe irse del país.
Poco tiempo después, un alto funcionario les advierte que desde el Ministerio del Interior se intenta prohibir la obra. El grupo reúne las críticas y comentarios que se publican y los envía al Ministerio. La estrategia resulta y la prohibición de La Nona es sólo para menores de 18 años.
Teatro Abierto
Con la dictadura militar de mediados de los años ´70, muchos actores y gente del oficio se vieron obligados a emigrar, los empresarios sólo llevaron a escena comedias livianas y en los teatros oficiales se impusieron “listas negras” que influyeron en directores y productores. La resistencia se recluyó en pequeños teatros y fue el movimiento independiente el que reanimó el ambiente: autores como Roberto Cossa, Carlos Somigliana (El Avión Negro, El ex alumno) y Carlos Gorostiza, con el apoyo de otros dramaturgos y actores, crearon Teatro Abierto, inaugurado el 28 de julio de 1981 en el Teatro del Picadero.
Se trataba de poner en escena 21 obras escritas por autores nacionales, en funciones diarias de tres obras cortas, durante los siete días de la semana y a un precio accesible.
Desde la primera función la convocatoria desbordó las localidades previstas en un horario insólito. Una semana después un comando de la dictadura incendió la sala y esto provocó la mayor solidaridad social.
“Alguien puso una bomba de fósforo bajo el centro del escenario y eso creó un
fuego intenso que en pocos minutos derritió la estructura de hierro que sostenía
el techo y las paredes de la sala. Nunca se encontró a los responsables” (Entrevista a Hugo Midon- Diario Clarín- 18/06/2001)
17 dueños de salas, (por ejemplo El Tabaris), ofrecieron su aporte para propiciar la continuidad del ciclo y más de cien pintores donaron sus obras para recuperar las pérdidas. Teatro Abierto continuó y cada función fue un acto antifascista cuya repercusión estimuló a otros artistas y así surgieron, a partir de 1982: Danza Abierta, Poesía Abierta y Cine Abierto.
Teatro Abierto fue un acto de resistencia.
Posibles interpretaciones
La Nona puede ser el imperialismo, la autodestrucción, la desidia de la sociedad por sus integrantes, la muerte, o la dictadura. El personaje principal fagocita a su familia, reflejando una predisposición a lo autoritario que terminó por destruir al país.
En la línea de las diversas interpretaciones que abría la obra, Carlos Gorostiza dice que "de fondo reflejaba una sociedad que se estaba comiendo a todos sus integrantes. Cuando estrenamos la obra, recuerdo que tuvimos muy buenas críticas, algo que nos salvó porque al poco tiempo teníamos la orden de censura. Un día recibo el llamado de un funcionario de cultura que me pide todas las críticas porque estaba reunido un comité de censura que había decidido bajar la obra. El éxito permitió que permaneciera en cartel más de un año y que saliéramos de gira".
Intertexto con "Consejos del Viejo Vizcacha" CANTO XV La vuelta de Martín Fierro de José Hernández
2355-2360
"Dejá que caliente el horno
El dueño del amasijo
Lo que es yo, nunca me aflijo
Y a todito me hago el sordo
El cerdo vive tan gordo
Y se come hasta los hijos".
La nona destruye a la familia y ve como va muriendo uno a uno hasta quedarse sola.

2383-2390
"Ansí se alimentan muchos
Mientras los pobres lo pagan
Como el cordero hay quien lo haga
En la puntita, no niego
Pero otros como el borrego
Toda entera se la tragan".

una vez mas se ve la voracidad de la nona reflejada en este verso del Martin Fierro.